Reseña de La máquina para leer los pensamientos

Alberto 1075 words 6 minutes La máquina de leer los pensamientos André Maurois

El autor André Maurois (Seudónimo de Émile Herzog), Frances 1888-1967, ha escrito Biografías, Ensayos, Relatos y Novelas; colaborador además de la revista “Los Anales de Buenos Aires” (especialmente en 1947). Tomó parte en la 1ra. Guerra mundial como intérprete y como Oficial de enlace de un ejército Británico y fue galardonado en Francia con la Gran Cruz de la Legión de Honor.

El libro llega a mis manos a través de un lote adquirido en un remate (es la primera edición de 1945 de “Anaconda”). Luego advierto que en el mismo lote hay 3 libros más de Maurois: “Occidente” (discursos y conferencias pronunciados en los Estados Unidos entre 1940 y 1945); “ARIEL o la vida de Shelley” (Biografía de Percy Bysshe Shelley, escritor y poeta inglés) y “Tierra de Promisión” (Una novela sobre la dinámica de las relaciones personales y el amor).

Lo elegí entre los 4 por el sugerente y atractivo título: “La Máquina para leer los pensamientos”; al respecto se me cruzaron algunas preguntas sobre qué haría con una máquina que tuviera esa capacidad.

El protagonista, Dionisio Dumoulin, un profesor de literatura de la burguesía media de Francia, en 1925 es invitado por el presidente de una Universidad privada Estadounidense a dictar una cátedra sobre un escritor Francés: Balzac; para lo cual, luego de escuchar las condiciones, se trasladan con su esposa Susana a EEUU, mientras los niños quedan con sus suegros.

Allí conoce al físico Hickey una de las glorias de la universidad con quien tiene una conversación, y días después éste lo sorprende relatándole pensamientos de nuestro protagonista. El hecho es que Hickey había inventado una máquina, el psicógrafo, que captaba el pensamiento discursivo; el lenguaje interior del hombre que reflexiona es un fenómeno físico muy definido, movimientos de la lengua y la laringe imperceptibles, pero suficientes, dan nacimiento a ondas sonoras, que luego eran decodificados, circunstancia que mantenía en absoluto secreto y en estado de experimentación; y procede a prestarle una de las máquinas, por si quiere ensayar, diciéndole: “¿Quién sabe? Puede ser útil a un marido conocer los pensamientos de su mujer, a un padre los de sus hijos, etc.”.

Ahora bien… ¿útil o peligroso?

Dumoulin lleva la máquina a su casa y comienzan los cuestionamientos: ¿Debía mostrársela a Susana y ensayar con ella? O, al contario, ¿debía callarse y dejar “el aparato” en un sitio donde pudiera registrar una meditación y sorprender así los pensamientos más secretos de su mujer?

Lo cierto es que esa noche, al ser mal recibido por su esposa opta por la segunda opción, y así, a través del flujo de lenguaje interior decodificado de ella surge, entre otros pensamientos, una sensualidad secreta insatisfecha y un amor de juventud por cierto Adrián, ¡que era unos de sus primos! La descripción de los pensamientos de Susana, con un lenguaje fino, que se entremezcla con un libro que está leyendo no tiene desperdicios. A todo esto nuestro protagonista prefería mantener reservado lo que había detectado pero, a raíz de una insinuación de su mujer por una alumna, se encontró diciéndole todo lo que quería ocultarle. Se genera una discusión en la que el arte de la defensa es desplegado eficientemente por Susana, primero niega la acusación: “¿Adrián?- dijo ella con una indiferencia admirablemente simulada.- ¡Adrián! ¿Quién se ocupa de Adrián? ¡ESTÁS LOCO! -gritó Susana- ¿Estás loco? ME RÍO DE ADRIAN”. Y luego, al brindársele detalles de “su pensamiento” y del medio por lo cual lo obtuvo, contraataca - “¡ES VERGONZOSO! ¡INNOBLE! Tú me has dado el otro día un curso de una hora sobre lo que es un gentleman anglosajón… ¿Crees haberte portado anoche como un hombre honrado? No me has robado únicamente mi pensamiento y la sola y pobre libertad que me quedaba en este país de desgracia, la de soñar, sino [...]” ; lo pone a la defensiva y luego, no podían faltar, unas lágrimas de Susana terminaron por doblegar a Dionisio, quien comprendió que era injusto y ridículo exigir a su mujer una pureza de espíritu y una fidelidad mental de la que él mismo era incapaz.

Luego de regresar a Francia, emprendimientos comerciales con el “Psicógrafo”, diferentes utilidades que se le podría dar, entretenidos “spots publicitarios”, ensayos ocultos con parientes y amigos, y sanas pretensiones de un método para conocer y solucionar conflictos, un filósofo con quien Dionisio conversaba al respecto le da un toque de realismo con una interesante reflexión:

“Creo que, no solo no ayudan a la humanidad a conocerse mejor, sino que la cambian hacia una vía peligrosa. Revelan deseos e intenciones que no son ‘realmente’ las intenciones de los sujetos sometidos a la experiencia. ¡Dumoulin! ¡Qué poco filósofo es Ud.! Confunde el querer con la ensoñaciónQuerer un acto, no es soñarlo, es hacerlo o al menos tratar de hacerlo… Ud. puede ‘decir’ que quiere ser primer ministro de Inglaterra… Acaso lo ‘dice’ en sus psicogramas… En el hecho, Ud. no ‘quiere’ nada semejante… Si quisiera, entonces sería candidato… Es la historia de los falsos artistas que sueñan con escribir una novela y que no la comienzan nunca…”, “…La ensoñación no está en relación con la acción real… en todos sus psicogramas falta la resistencia humana, la resistencia de los demás, de las familias, de la sociedad, de ese medio en el que necesitamos vivir y que por sus rechazos, por sus presiones, modela y determina nuestros sentimientos y nuestras acciones… Su aparato es peligroso porque da la ilusión de oír pensamientos, proyectos, a hombres que en el hecho sólo oyen discursos…”-

Y como si fuera poco en una tarjeta de Navidad Dumoulin alcanza a leer: “El discurso interior no es más verídico que el discurso público; éste nos protege de los demás y aquel de nosotros mismos”.-

Conclusión

Se trata de un relato de ágil lectura, entretenido, corto (174 páginas), divertido en algunos aspectos, que a través del juego de ‘leer’ ocultamente el pensamiento de los sujetos sometidos a la experimentación va logrando una descripción psicológica de los mismos, utilizando para ello un lenguaje sencillo; y del cual pueden extraerse algunas reflexiones acerca de la relación entre la ensoñación (o nuestros sueños) y lo que realmente queremos, las presiones externas que pueden provocar la parálisis de la voluntad y de la acción, el valor que solemos darle al pensamiento y a la palabra del “otro”, los métodos que en ocasiones se utilizan para ‘descubrir’ (?) alguna ‘deslealtad’ (?) y, en suma, para preguntarnos nosotros mismos: “Cuando nos escuchamos interiormente… ¿qué oímos?”.