Comentario sobre el poema Los Espejos de Borges

Adrián Morea 416 words 3 minutes Jorge Luis Borges Los espejos

Desde una óptica connotativa, el poema de los espejos admite el trazado de una línea fronteriza entre la primera estrofa y el resto del cuerpo lírico. En efecto hay, al comienzo, un nítido sentimiento de impotencia visual, entrañablemente unido a la ceguera del autor, el cual se intenta magnificar desde el efecto prolífico de los espejos, que no harían otra cosa que multiplicar lo que para él, resulta inaccesible.

Una vez cruzado este puente invisible, la inquietud de Borges, se distancia –al menos de un modo inmediato- de su odisea personal desatada por la privación de uno de sus sentidos vitales, para concentrarse en una de sus obseciones predilectas: los espejos. Claro está que el escritor argentino renuncia al aspecto ordinario de los espejos. Ellos son más que la fiel reproducción material de la realidad. Tienen un sentido más hondo que el boomerang de reflejos y luces que nos recibe cotidianamente en la alborada de un nuevo día.

Acaso su mayor mérito literario resida en haber avisorado la magia ínsita de estos gabinetes cristalinos, sin necesidad de apelar a construcciones fantásticas, antes bien respetando la naturaleza objetiva de los espejos.

Si hay una intención constante a lo largo del poema es la de conferir una vida autónoma a los espejos (vgr. “ese rostro que mira y es mirado”), denunciar su camuflada libertad para generar, y no simplemente copiar. Con esta misma tónica, procura vislumbrar la misión sagrada, histórica y salvífica que han asumido los espejos:

  • Sagrada, por cuanto son fruto de un designio divino (vgr. “Dios pone un empeño en esa inasible arquitectura”), como por la perfección de sus formas, diáfanas en la imitación.
  • Histórica, por su procedencia originaria (vgr. “ejecutores de un antiguo pacto”). Interpreto que, aquí, Borges no pretende aludir tanto al inicio cronológico de los espejos, sino más bien a la íntima vinculación de éstos con la Creación, con el génesis del mundo.
  • Salvífica, en razón de que la gracia de los espejos nos permite volver sobre nosotros mismos. A esta altura, Borges ya no concibe a los espejos como simples objetos materiales –a lo sumo podría afirmarse que ensaya una apoteosis de sus efectos retroversivos-, sino como puente misterioso hacia la interioridad, como reflexión introspectiva que nos transporta a la subrepticia profundidad de nuestro ser.

Esta particular lectura nos invita a embarcarnos en una aventura existencial que conmueve hasta la más firme de nuestras convicciones, rompe el caparazón de lo superficial, nos enfrenta desnudos. Por eso, culmina Borges: "Los espejos nos alarman”.