El Caso Perry
Conociendo a Anne Perry
La descubrí casi sin querer, cuando buscaba entre las historias policiales y de misterio en una librería. Alguien del local me sugirió “Los pecados del lobo” y el título captó mi atención.
Después de haber devorado 2 de sus libros, quise saber más sobre ella y comencé a investigar…
Fue una de las autoras de “novelas negras” más importantes de los siglos XX y XXI, ampliamente galardonada por varias de sus obras y propuesta por la prensa como la sucesora de Agatha Christie.
Nacida bajo el nombre de Juliet Marion Hulme en octubre de 1938 en Londres, Anne Perry tuvo una vida, por lo menos, peculiar y desde muy corta edad recorrió el mundo. A la fuerza, aprendió a ser independiente, a reinventarse una y otra vez, incluso a crear una nueva identidad.
Siendo niña fue diagnosticada con tuberculosis, lo que hizo que en sus primeros años de vida se mudara, primero, al Caribe y, luego, a Sudáfrica, buscando lugares más secos que su Inglaterra natal con climas que pudieran beneficiar a su salud, como recomendaban los médicos. Siempre viviendo alejada de sus padres, en casa de parientes lejanos.
A la edad de 13 años, junto con su familia se asientan en Nueva Zelanda, gracias a un puesto que obtuvo su padre en la Universidad de Canterbury. Sería allí donde su vida daría un giro radical.
Al mejor estilo novela de misterio, la vida de Anne Perry tiene, tal vez, más enigmas que sus propias creaciones. Pero nada me preparó para un descubrimiento semejante…
Conociendo a Pauline Yvone Parker
Cuando tenía 15 años, conoce a una persona que sería muy importante en su vida, una compañera de clase con la que rápidamente entablaría una gran amistad: Pauline Yvone Parker. Ambas tenían muchas cosas en común: introvertidas, con padres más ocupados en sus trabajos que en sus hijos, edades similares, problemas de salud que las afectaron desde muy pequeñas (Pauline había sido diagnosticada con osteomielitis, que le dejó como secuela una cojera) y un gusto por la lectura adquirido durante los interminables periodos de reposo. Entre sus autores favoritos se destacaban Lewis Caroll, Arthur Conan Doyle y Agatha Christie. Ellas se habían creado su propia realidad, imaginaban una vida juntas en Inglaterra o Estados Unidos donde se codearían con grandes estrellas y vivirían de sus poemas e interpretaciones. Era una relación que, con el correr del tiempo, daba las sospechas de sobrepasar una simple amistad. En una época donde la homosexualidad era considerada una enfermedad psiquiátrica, cualquier indicio de un cariño más profundo entre dos personas del mismo sexo podía dar a la sociedad más de un motivo de habladurías.
El año 1954 fue particularmente difícil para nuestra autora. Una fuerte recaída de su enfermedad, sumada a la separación escandalosa de sus padres (se descubrió que su madre, una conocida consejera matrimonial, mantenía una relación paralela con uno de sus clientes, Walter Perry) y a la voluntad de ambas familias de cortar cualquier tipo de relación existente entre ellas, hacía prever muy cercana la posibilidad de que estas amigas tuvieran que separarse. Anne (por entonces Juliet) regresaría con su padre a Inglaterra, después de pasar un período en Sudáfrica nuevamente y Pauline se quedaría sola en Nueva Zelanda.
Frente a la intransigencia de los padres de Anne de permitirle quedarse con su amiga, las jóvenes intentaron convencer a los de Pauline para que le permitieran mudarse con Anne, teniendo como resultado una negativa total de su parte. En este punto las chicas, enojadas y desconsoladas, creyeron encontrar al culpable de su desgracia en la persona de Honorah Rieper, la madre de Pauline.
El Plan
Ante la desesperación de la inminente separación idearon una solución y durante meses planearon la forma de deshacerse de su obstáculo. Matarían a Honorah y lo harían pasar como un accidente.
El día elegido fue el 22 de junio de 1954. Las adolescentes le pidieron a la Sra Rieper que las llevara a un picnic en Victoria Park, en la ciudad de Christchurch donde vivían. En su camino de ida, adentrándose en el parque, Anne colocó una piedra de ornato que luego serviría como distracción para llevar a cabo el plan. Camuflado entre sus pertenencias estaba el arma homicida: un ladrillo envuelto en una media.
Cuando se disponían a salir, en el camino de vuelta, Honorah vio la piedra que previamente habían dejado y se agachó a recogerla. En ese momento, Pauline aprovechó a atacar a su madre. Lo que suponían una tarea fácil, que le llevaría solo un par de golpes a la hija, terminó siendo más complicada e implicó el accionar de ambas jóvenes y unos 45 golpes en la cabeza de la víctima.
Tratando de encubrir su crimen, las chicas se mancharon con la sangre de Honorah y aparecieron llorando en un negocio de té ubicado en la entrada del parque pidiendo ayuda. Pauline, desconsolada, dijo que su madre se había caído en el sendero, había golpeado su cabeza y que había muerto. Inmediatamente las personas en el negocio llamaron a la policía e intentaron tranquilizar a las jóvenes traumatizadas.
Al arribo de las fuerzas policiales, los efectivos se encontraron con una escena que no coincidía con lo descripto por las adolescentes. No había indicios de ser una caída accidental, sino un asesinato. La víctima presentaba heridas en la cabeza, cuello, cara y algunas pocas en las manos; si se hubiera caído, debería haber tenido golpes en todo el cuerpo.
Testigos aseguraron en su momento que las niñas tenían actitudes raras. Algunos hasta llegaron a decir que se iban riendo dentro de la patrulla que las trasladaba para ponerlas a resguardo, antes de ser siquiera sospechosas.
Lo cierto es que casi inmediatamente la policía empezó a dudar de la historia que contaron Anne y Pauline. A esto se le suma el hallazgo del arma homicida no muy lejos del cuerpo. La habían descartado de la misma forma que la habían usado. Investigaron a las niñas, y en sus casas encontraron diarios íntimos de ambas donde se detallaban los planes para llevar a cabo el hecho.
La condena
Las chicas fueron llevadas a juicio en agosto del mismo año, en el que Pauline confesó haber sido la única asesina de su madre. Con los diarios como prueba, lograron establecer que Anne había participado también. El 29 de agosto de 1954, luego de un corto debate, fueron declaradas culpables por un jurado. La pena se fijó teniendo en cuenta una situación especial: las homicidas eran menores de edad y no podían ser castigadas con la pena de muerte como lo estipulaba la ley. Se les impuso una prisión por tiempo indeterminado o “a voluntad de Su Majestad”, es decir hasta que la Justicia considere que sea suficiente. Fueron enviadas a distintos establecimientos penitenciarios y, en teoría, se les prohibió mantener cualquier tipo de contacto entre ellas, ni siquiera por carta. Algunos dijeron que era una de las condiciones para reducir sus penas, pero nunca se pudo confirmar que así fuera.
La realidad es que después de 5 años de prisión, fueron excarceladas por haber cumplido con su condena. Primero Anne fue liberada, quien se mudó inmediatamente a Escocia para vivir con su madre y su padrastro (de él tomaría el apellido Perry) y cambió su nombre por el de Anne Perry. En esos tiempos empezaría con su prolífera carrera como escritora reconocida de novelas de misterio. Pauline, por su lado, fue puesta en libertad tiempo después, pero quedó bajo libertad vigilada durante varios años. Se cree que, a mediados de 1980, pudo cambiar su nombre por el de Hilary Nathan y mudarse a Inglaterra. Vivió el resto de su vida en el anonimato.
El regreso
En el año 1994, de la mano del director Peter Jackson y de la actriz Kate Winslet en la piel de Anne Perry, se estrena la película “Criaturas Celestiales” donde se cuenta esta historia, tomando como base para el guion el sumario del caso real y los diarios de Pauline. Frente a los hechos y a las preguntas insistentes de los periodistas, Anne Perry se vio en la obligación de salir a reconocer que ella era Juliet Hulme y su participación en el hecho.
En entrevistas posteriores, saldría a aclarar que nunca hubo una relación sentimental con Pauline, sino algo similar a una obsesión. En otras más recientes, trataría de justificar su accionar alegando que se había involucrado porque creía que su amiga, si lo hacía sola, podría suicidarse posteriormente y diciendo que ella no se lo hubiera perdonado si eso sucedía.
Si bien Pauline siempre se negó a hablar públicamente de lo acontecido, su hermana Wendy desmentiría a Perry y negaría la posibilidad de su hermana de atentar contra su propia vida.
Conclusión
Aunque digno de una de sus novelas de misterio, el conocido “Caso Parker – Hulme” (o como aquí lo rebautizamos, el “Caso Perry”), no deja de sorprender a las personas que lo descubren. Más sorpresa y estupor nos ha generado a los apasionados lectores de las obras de Anne Perry y como mínimo nos hace pensar, ¿en alguna de sus novelas, habrá dejado indicios de lo que realmente pasó?
No voy a mentir, durante un tiempo no volví a comprar ni a leer otro libro de ella. Tenía demasiadas preguntas y mucho recelo como para poder disfrutar de los detalles que caracterizan las historias de esta autora. Pasaron unos años y retomé con la lectura de sus obras, pero hay una pregunta que no deja de rondarme: ¿Los policiales que escribió fueron solo ficción o pudo haberse basado en su experiencia personal para encontrar “inspiración”?
Ya no podremos preguntárselo, ya que Anne Perry falleció en el año 2023 en Los Ángeles a causa de un infarto. Ahora tenemos la tarea de unir los cabos sueltos, al mejor estilo de Monk o Pitt e intentar descubrirlo.