Anónimos Lectores

Fran 226 words 2 minutes Irene Vallejo El infinito en un junco

Encontré esta linda casualidad en "El Infinito en un Junco":

Las obras que todavía leemos permanecieron en esos rincones -refugios periféricos, marginales- durante los siglos peligrosos, resistiendo la devastación, mientras las destrucciones, los saqueos y los incendios iban arruinando las grandes concentraciones de libros, ubicadas habitualmente en centros del poder. Durante la antigüedad greco-romana, nació en Europa una comunidad permanente, una llama que, aunque se encoja, nunca se apaga del todo, una minoría hasta ahora inextinguible. Desde entonces, a lo largo del tiempo, anónimos lectores han conseguido proteger, por pasión, un frágil legado de palabras.

Definitivamente Pergamino califica como "lugar alejado de guerras y centros de poder" así que los acumuladores compulsivos de libros, podemos estar orgullosos de ser eslabones fundamentales de la preservación de la Memoria de la Humanidad. ¡Tomá pa' vo'!

Addendum del 5 de mayo

Páginas más adelante, me encontré con una casualidad aún mayor:

Entre los siglos I AC y I DC nació en el imperio romano un nuevo destinatario: el lector anónimo. Hoy podría resultar triste publicar un libro que solo leerán parientes y amigos; para los autores romanos, en cambio, era la situación más habitual, segura y confortable. Abolir esas fronteras, aceptar que cualquiera podía asomarse a sus pensamientos y emociones a cambio de un puñado de denarios, fue una experiencia vivida como una traumática desnudez por muchos escritores.